Así fueron bautizados un grupo de alcaldes que asumieron en enero 2020. Algunos medios estaban felices con esos resultados electorales. Se sacaron la espina de la victoria de Duque en las elecciones del 2018; que afectó el bolsillo de los acostumbrados a recibir mermelada del gobierno Santos. No faltaron los “Colombia cambio”, “El Uribismo está acabado”, entre otras arengas populares de la oposición.
Un momento de alegría que duró poco, un año después esos “nuevos líderes” han desaparecido. Pasaron de “nuevos” a mediocres o simplemente inútiles. Pobres, ni la inversión de enormes recursos en pauta pública ha servido para mejorar sus respectivas imágenes. La pauta solo ha servido para que los medios busquen maneras de deslegitimar las revocatorias. No debe ser tan difícil, después de que esos mismos medios fueran cómplices de Santos para robarse el resultado de un plebiscito.
¿Qué hemos aprendido de estos personajes?
“Predican, pero no aplican”, es probablemente la característica que más predomina en este grupo. Son expertos en dar discursos y salir en medios con el disfraz de “lideres”, pero cuando les toca dar ejemplo, olvidan el disfraz. Es más fácil criticar que gobernar. Los ejemplos abundan: “solo puede salir a mercar una persona”, “la apertura del aeropuerto sobre mi cadáver”, “no debe haber reuniones familiares o fiestas”, “se les van a respetar los contratos”, “transparencia en la contratación, incluso vamos a contratar con la ayuda de headhunters”, entre otras. El disfraz no incluye la coherencia.
Lo más importante de las promesas es anunciarlas, no importa las consecuencias y mucho menos cumplirlas. Sin espectáculo no hay necesidad de usar el disfraz de “lideres”; un circo sin payasos. Ni hablar de las promesas en campaña, esas son opcionales. Seguramente fueron prometidas en un momento donde estos personajes se dejaron “llevar” o “pensando con el deseo”. Los retos y problemas no se quedan atrás, tiene el mismo modus operandi. La planeación y análisis llega hasta el punto de salir hacer anuncios en los medios, las soluciones nos las quedan debiendo.
“Ganan o rara vez empatan”, usando las únicas dos cartas en su baraja: expertos en excusas y asignación de culpas a terceros. Al parecer el disfraz de “lideres” lo hace “perfectos”, nunca tienen que asumir responsabilidad. Los “nuevos liderazgos” no vienen con la responsabilidad de sus actos. La congruencia se perdió, entre la crítica y la política.
Padecen la condición “Diomedes Diaz”; “la plata que cae en mis manos...la gasto”. Claramente no en mujeres, bebida y bailando (que sepamos). Las prioridades son otras, igual de improductivas. Lo primero es tener defensores a sueldo; amigos, familiares y conocidos de los partidos políticos con contratos públicos. Disminuir el desempleo del círculo cercano, es un logro poco publicitado. La segunda prioridad es asegurar defensores en los medios; contratos de pauta con grandes medios. Alguien tiene que vender y promocionar el circo. Además, eso ayuda para los próximos objetivos electorales. Gastos inútiles; burocracia, monumentos al M19, sobre costos, feria virtual, secretaria de la no-violencia, bici-carriles (algunos desmontados), entre otros. No importa el costo del espectáculo, lo importante es el disfraz de “líder”.
"Cada pueblo tiene el gobierno que se merece", ¿nos merecemos a los “nuevos liderazgos”? Aunque algunos se vendan de “independientes” o incluso haciendo promesas que no van a cumplir. Pudo ser la situación particular de la elección, división de votos que dejó el camino libre a estos personajes. De igual manera cada ciudad ha tenido una pequeña muestra del estilo y forma de gobernar de los “nuevos liderazgos”. Queda claro que el disfraz de “nuevos liderazgos” sirve para campaña, pero no para gobernar. No todo está perdido, la mejor vacuna para los “nuevos liderazgos” son las revocatorias.
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