Los recientes acontecimientos acaecidos en nuestro país me llevan a reflexionar sobre dónde estamos y para dónde vamos? A pesar de todas las vicisitudes que estamos viviendo en Colombia y el mundo por culpa de la pandemia generada por el COVID-19, tenemos un fenómeno más destructivo y letal incrustado en nuestra sociedad, en la que los magistrados de las altas cortes dejaron, hace mucho rato, de ser personas honorables y convirtieron estas instituciones en lo que el poeta cartagenero, Luis Carlos López, llamó una ´Caterva de Vencejos¨, pasamos de tenerlas conformadas por personas de conducta, formación y trayectoria intachable, a tener en ellas a lo peor de la raza humana, no solo impartiendo injusticia, sino dedicadas a legislar a su acomodo, mediante la utilización de mecanismos, que si bien fueron diseñados para garantizar los derechos de los ciudadanos, lo utilizan en beneficio de sus propias aspiraciones políticas y económicas.
Las altas cortes nos han convertido en un país de parásitos, donde, según ellas, el estado tiene la obligación de mantener y educar gratis a todo el mundo, sin siquiera considerar la capacidad económica del estado. No es que no exista una obligación del estado de brindar oportunidades para la educación y bienestar de los ciudadanos, pero esto solo se obtiene enseñando a pescar y no dándole el pescado al hambriento sin la exigencia de un mínimo esfuerzo.
En Colombia programas loables, como familias en acción y jóvenes en acción se convirtieron en los principales obstáculos para el desarrollo del país, gran parte de la población se conforma con vivir de esos auxilios y cuando hay trabajo disponible prefieren subsistir con lo que les da el gobierno y no aprovechar las oportunidades de desarrollo personal y económico que les brinda un trabajo digno. Esto es muy similar a lo que en Venezuela se conoce como las ¨misiones¨ en las que le dan plata a la gente sin ninguna razón diferente a que apoyen el régimen.Un país donde los peores delincuentes (violadores, reclutadores de niños, terroristas, asesinos, narcotraficantes y protagonistas de un sinnúmero más de conductas delictivas) se pavonean por el Congreso, burlándose de sus víctimas, solo da el mensaje que se promueve la conducta delictiva de toda la población ya que el mensaje que se le envía al ciudadano del común es el de que aquí los crímenes no lo son y depende de quién te juzgue sean punibles o no.
Colombia ha perdido el rumbo que había tomado a inicios del siglo 21 y si no nos pellizcamos no necesitamos sino ver a la Venezuela de hoy para saber dónde estaremos en menos de lo todos pensamos.
Colombianos despertemos y hagámonos participes de nuestro futuro, iniciemos una cruzada para que nuestro país recupere su grandeza e involucrémonos activamente en la toma de decisiones para garantizar nuestro futuro y el de las nuevas generaciones.
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