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¿Pinturita y ya?

Es costumbre que el alcalde de Medellín trate de minimizar y restarle importancia a los hechos. Lo hizo en enero después de que unos desadaptados vandalizaron la fachada de algunos edificios en una “marcha pacífica” con la famosa frase: “A eso se le echa una pinturita y ya”. Ese vandalismo estaba dirigido a los edificios de ciertas empresas privadas. Cabe mencionar, que ese espectáculo termino con el alcalde pintando y arreglando las fachadas para los medios. ¿Los responsables? felices e impunes; se salieron con la suya. La postura del alcalde sobre el bien y el mal de la situación quedo en evidencia.

La confianza en las instituciones es crucial en un mundo globalizado, incluso más cuando la información es de fácil acceso y en tiempo real. No me queda duda, la confianza de EPM ante el mundo quedo golpeada. Debo confesar, que en mi opinión fue un golpe más duro que la propia crisis de HidroItuango. Por dos razones: no fue un evento fortuito y no existe seguro alguno para la incertidumbre que genera en el ambiente (incalculable). EPM era un ejemplo ante el mundo, de gobierno corporativo lejos de la política. Imposible de minimizar y menos de echarle pintura para aparentar.

Esto no es solamente un “problema” de Antioquia (o Medellín), es un tema que afecta la confianza en Colombia. Aunque parece una decisión política que solo afecta EPM y Antioquia, es mucho mas que eso. Basta con ver la importancia de EPM en el suministro de electricidad, la entrada a operar Electricaribe (un reto titánico) o como ingresos para los presupuestos de Antioquia y Medellín. Otro aspecto importante es la estabilidad financiera de Colombia, por ejemplo, los bonos de EPM; los tenedores de bonos son bancos, instituciones extranjeras, fondos de pensiones, entre otros. Esos no comen pintura.

Las calificadoras de riesgo empiezan a preguntarse si esto es un hecho aislado o el comienzo de una nueva política frente al gobierno corporativo de empresas publicas (o mixtas). Las preocupaciones de las calificadoras radican en tres aspectos: los impactos de las nuevas decisiones sobre HidroItuango, la debilidad e incertidumbre de la nueva Junta (ante los caprichos del alcalde) y el impacto sobre Colombia. Las calificadoras son más fáciles de convencer, se dejan coquetear, pero no creo que acepten pintura.

Mientras el alcalde intentaba controlar y de paso que “no se sobre-dimensionara” (como lo dijo el gerente de EPM) la renuncia de la junta de EPM, conocemos la carta de renuncia de la junta de Ruta N y de algunas personas del concejo directivo de la fundación EPM. ¿Son las únicas “renuncias” en instituciones dependientes de la alcaldía de Medellín? No, pero son las más notorias. La demanda de pintura en Medellín sigue creciendo.

EPM fue hasta hace poco un ejemplo para mostrar; una empresa pública alejada de la política con un manejo técnico excepcional y con un gobierno corporativo envidiable. Hasta que vino un “independiente” con la política y un tarro de pintura.

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