Es costumbre que el alcalde de Medellín trate de minimizar y restarle importancia a los hechos. Lo hizo en enero después de que unos desadaptados vandalizaron la fachada de algunos edificios en una “marcha pacífica” con la famosa frase: “A eso se le echa una pinturita y ya”. Ese vandalismo estaba dirigido a los edificios de ciertas empresas privadas. Cabe mencionar, que ese espectáculo termino con el alcalde pintando y arreglando las fachadas para los medios. ¿Los responsables? felices e impunes; se salieron con la suya. La postura del alcalde sobre el bien y el mal de la situación quedo en evidencia. La confianza en las instituciones es crucial en un mundo globalizado, incluso más cuando la información es de fácil acceso y en tiempo real. No me queda duda, la confianza de EPM ante el mundo quedo golpeada. Debo confesar, que en mi opinión fue un golpe más duro que la propia crisis de HidroItuango. Por dos razones: no fue un evento fortuito y no existe seguro alguno...